“Dar concesiones a verdaderos trabajadores del volante” más que una promesa de campaña.

“Dar concesiones a verdaderos trabajadores del volante”: son 7 palabras de una promesa de campaña que se tradujo en: 595 solicitudes, 12 meses de trabajo, más de 2000 horas de trabajo, expedientes con más de 3000 hojas, un secuestro de las oficinas por solicitantes inconformes, 250 audiencias personales, 150 comparecencias públicas, que se tradujeron en 180 concesiones nuevas en 4 municipios, 2 nuevas modalidades de taxi, 720 personas beneficiadas, 360 nuevos empleos y más de una vida que ha cambiado por completo.

“Dar concesiones a verdaderos trabajadores del volante”: son 7 palabras de una promesa de campaña que se tradujo en: 595 solicitudes, 12 meses de trabajo, más de 2000 horas de trabajo, expedientes con más de 3000 hojas, un secuestro de las oficinas por solicitantes inconformes, 250 audiencias personales, 150 comparecencias públicas, que se tradujeron en 180 concesiones nuevas en 4 municipios, 2 nuevas modalidades de taxi, 720 personas beneficiadas, 360 nuevos empleos y más de una vida que ha cambiado por completo.Para muchos de los que trabajamos en la SEMOV, este ha sido un proceso que nos drenó la energía, nos llenó de miedo, de riesgo, pero también de muchos aprendizajes. Cada día era una fecha límite, un dato que cambia, un proceso nuevo que se ajusta, nuevas formas emergentes de negociar, criterios que deberán cobijar a la mayoría y la presión de casi 600 personas que consideran que su caso es especial y que por lo tanto, el proceso debe ser justo para su caso.

En el proceso vimos mucha esperanza, mucha expectativa, también frustración, molestia, miedo, desesperanza, confianza, exigencia por el respeto de la ley, exigencia por hacer excepciones a la ley. Muchas personas que abusaron del proceso, que se sirvieron de el colocando un precio a la esperanza de alguien más, que quisieron burlarlo, comprarlo, que nos dijeron “ustedes también tendrán su precio, como todos los demás antes de ustedes”. Pero también vimos respeto, confianza, liderazgos y gran convicción de estar participando en un proceso diferente, el inicio de la norma y no la excepción.

Escuchamos tantas historias de vida diferentes, consientes que solo podríamos cambiar 180, y las cambiamos.

“Bueno, Sr. Martínez, soy Gisela de Movilidad. Llamo para informarle que ha sido seleccionado para el otorgamiento de una concesión. Felicidades!”

Del otro lado de la línea escuchaba silencio, un auto que se detenía en la calle, la respiración profunda de mi interlocutor. Sabía que no podía hablar, que su garganta se cerraba, la dificultad de decir “gracias” sin llorar; yo esperaba prudente…. “Felicidades… vaya a su casa, abrace a su familia que usted hoy inicia una nueva vida”.

Y más de un mes pasó de esas llamadas con muchos silencios, algunos gritos de alegría, pero sobre todo mucha satisfacción.

Hace unos días lo volvimos a hacer. Con los autos ya operando, los pagos de derechos hechos, faltaba entregarles por primera vez su Título en forma, el documento que acreditaba tanto esfuerzo y espera para ellos. Decíamos su nombre, ellos se levantaban con una sonrisa de gran orgullo, mientras caminaban para llegar al gobernador que tenía sus títulos en la mano, sus expresiones se caían, su garganta se cerraba, aprovechando un momento tan fugaz para expresar al gobernador agradecimiento, al que también le cerraron la garganta en más de una ocasión. “Gisela, debemos hacer lo posible por hacer otro proceso de otorgamiento en esta administración”.

La carga emocional del resultado de cambiar la forma en la que se entregaban las concesiones, superaba la transformación jurídica. El orgullo de pararse en un estrado a la vista de tu familia, recibiendo un reconocimiento público a tu trabajo de tanto años de la mano del mandatario estatal, de los liderazgos de todos los sectores, de los compañeros y de tu familia, supera en todas las dimensiones la experiencia de recibir una hoja de acuerdo de concesión en “lo oscurito”, cercano la media noche del último día de la administración estatal, de la mano de un funcionario de segunda, muchas veces producto de tu insistencia no de tu trabajo, a veces producto de un intercambio económico, como factor de cambio político y no de tu rectitud como conductor de servicio que decidiste respetar la ley.

Para nosotros era un expediente más sin rostro, sin historia, si padrinos o madrinas, una serie de documentos que hablaban de una consistencia de trabajo, para ellos había sido la vida entera en espera, la esperanza de dejar a su familia algo sólido después de una vida en la informalidad.

“Estábamos esperando que llegara el gobernador, cuando mi viejo se comenzó a sentir mal, le dolía el brazo izquierdo y le dije que lo llevaba al hospital. El me respondió, no, quiero entregarte mi título primero” Comentó una persona en facebook.

Fueron sólo 180 familias, 180 historias de vida diferentes y un gran reto delante de nosotros para que la discrecionalidad que había reinado entorno al otorgamiento de concesiones sea erradicado. Para el equipo de la SEMOV, esta entrega, estas experiencias y los comentarios positivos que recibimos de los usuarios recargan nuestro compromiso. Vale la pena lo que vivimos si logramos cambiar la vida de las personas así.

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