¿Es Colima un estado machista? Si. Aunque no todas lo vemos así.

Si no entendemos las dimensiones del machismo y el ejercicio de la violencia, nuestras política públicas para el empoderamiento de la mujer faltarán del ingrediente más importante: la empatía y la sororidad.

A raíz de mi salida del Gobierno del Estado, mucha gente salió a pronunciarse a favor o en contra de los señalamientos sobre violencia de género. Un parte del sector de transporte salió a descalificar mi actuar como funcionaria y a acusarme de violencia hacia las mujeres del mismo sector. Otros varones del sector exijieron que denunciara formalmente las agresiones “si es que tenía pruebas”, un periodista incluso mencionó que yo había malintepretado un acto de “cariño” como agresión, ya que era conocido el hecho de que no me gustaba que los hombres me estuvieran tocando.

Independientemente de eso, todas esas declaraciones no fueron una sorpresa. Sin embargo hubo una que sí me causó una gran relfexión: “Colima no es un estado machista”. Lo dijo una candidata cuya carrera política se ha fundamentado en la defensa y empoderamiento de la mujer rural colimense.

Mi primera reacción fue hacer un texto similar al que publiqué sobre las declaraciones de Claudia Sheinbaum y las fotomultas, intentando en cada frase argumentar mi posición y entendimmiento del tema. Sin embargo, no tenía un audio o un video con el cual corroborar que las declaraciones de la candidata fueras ciertas o que no hubieran tenido un filtro “machista” para poder seguir haciendo “leña del árbol caído”.

Por lo tanto, me pregunté: ¿Es de verdad Colima un estado machista?¿Qué estamos entendiendo por machismo? 

Contrariamente a lo que se menciona en la declaración, el machismo no es un antónimo de progresista.

El machismo se puede defnir como una ideología que definde y justifica la superioridad y el dominio del hombre sobre la mujer; exalta las cualidades masculinas, como agresividad, independencia y dominancia, mientras estigmatiza las cualidades femeninas, como debilidad, dependencia y sumisión (Moral de la Rubia y Ramos, 2016).
En Colima, aún cuando en porcentaje de participación de hombres y mujeres es muy similar en indicadores como la población, la escolaridad y la esperanza de vida, la superioridad o el dominio del hombre sobre la mujer pudiera verse reflejado en otros indicadores, como:
  • Participación económica: 43.43% mujeres vs. 79.3% hombres
  • Personas ocupadas en el sector transporte: 28.89% mujeres vs. 71.11% hombres
  • Participación en escenarios de toma de decisión:
    • Poder Judicial: 28.21% mujeres vs. 71.79% hombres
    • Presidencias municipales: 20% mujeres vs. 80% hombres
    • Regidurías: 39.40% mujeres vs. 60.60% hombres
  • Población que realiza trabajo no remunerado: (90.06% mujeres vs. 63.64% hombres
  • Horas de trabajo no remunerado: 50.95 horas las mujeres vs. 21.33 horas los hombres
  • Jefas de familia: 48.65 por cada 100 jefes hombres, la tasa más alta de todo el país,
  • Prevalencia de la violencia física y/o sexual durante toda su vida: 64.82% mujeres.

Estadísticas que pueden ser consultadas en el Atlas de Género del INEGI.

El machismo es el ejercicio de prevalencia del poder del hombre sobre la mujer en una sociedad: “Lo que yo (hombre) digo cuenta, lo que tú (mujer) dices no”; “el trabajo que yo (hombre) hago vale, el que tú (mujer) haces no o vale menos”; “que tú (mujer) no me (hombre) permitas tocarte, es una ofensa, una descortesía; que tú (mujer) digas que te estoy acosando, es una exajeración”; “hablar con el tono que me (hombre) plazca es mi derecho, que tú (mujer) levantes la voz es una grosería, por lo tanto una ofensa”.
Decirle a un colimense que vive en una sociedad machista, parece un pecado capital. Es un lugar tan común que su propia concepción está arraigada en la estructura social, la violencia contra la mujer se considera normal y por lo tanto justificada.

¿Y qué tiene que ver el machismo con la violencia de género? 

El ejercicio de prevalencia y dominio justificado llamado machismo es la base de la violencia de género. La ONU define la violencia de género como “todo acto de violencia que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual, psicológico para la mujer, tales como actos, la coacción y la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la privada”.
El machismo se asienta sobre la violencia y la violencia no puede ser entendida exclusivamente como un acto de agresión física que causa un daño visible. Entender la violencia de género es ir más allá de demandar que la persona que la vive, soporte dicha violencia hasta que sea lo suficientemente evidente para que la sociedad le crea. Cito textualmente a Maria Elene Berengueras que explica los tipos de violencia mejor que yo:

Podemos dividir la violencia en cuatro tipos: física, sexual, verbal y emocional.

La primera está dirigida hacia el cuerpo de la persona agredida y es la última que se ejerce; también impide a la mujer establecer contacto con otras personas, dada la dificultad de ocultar las huellas del maltrato lo cual afecta su estado emocional.

La segunda se ejerce al imponerle actos e ideas a la víctima (tales como su valor depende de la aceptación de un hombre), las mujeres se someten para tratar de calmar situaciones de violencia.

La violencia verbal cosifica, degrada y amenaza en el discurso.

La violencia emocional destruye sentimientos, expresiones y la autoestima de la mujer: al hacerla dudar de su propia realidad, el hombre agrede sus sentimientos para obligarla a aceptar su realidad.

La finalidad de ejercer la violencia es tener a la persona controlada, sometida y dependiente.

¿Hay o no hay machismo en la sociedad colimense? 

Negar que Colima sea un estado machista o que en las instituciones públicas o privadas no exista violencia de género es una declaración muy arriesgada.
En primer lugar porque estadísticamente somos uno de los estados con un alto índice de violencia ejercida contra la población, y estadísticamente no podríamos estar excluídos del índice de casos no denunciados por falta de confianza y efectividad de las mismas instituciones de gobierno (no es un caso sólo de Colima, es un contexto mexicano de impunidad generalizada).
En segundo lugar, somos también un estado con una Alerta de Violencia de Género decretada oficialmente, y soportada por instituciones tanto gubernamentales como no gubernamentales en todos los niveles. Una Alerta de Violencia de Género no se hace en un estado NO machista, en un estado donde la violencia está erradicada en todas sus esferas, incluídas las propias instituciones de gobierno.
Y en tercer lugar, es negar el lugar histórico que tiene Colima en la lucha para la protección de los derechos humanos de las mujeres, nacionalmente reconocido como un estado pionero de la institucionalización del apoyo gubernamental a la atención a víctimas de violencia de género en México.
Lo he dicho por que lo pienso, aunque aún no se si me equivoco: el machismo en Colima existe y los hombres parecen no saber identificarlo.
En un Encuentro Ciudadano, conversando de que los chistes machistas deberían comenzar a desaparecer así como lo hicieron los chistes de discriminación a las personas con discapacidad, un compañero mencionó: “Los europeos no entienden nuestro humor, esos chistes no los entienden porque nuestro humor es muy particular”. A lo que yo le comenté: “No, lo que pasa es que hay ciertas culturas en las cuales ya no hay cabida para ofensas escondidas en los chistes, no es que no te entiendan, es que no es chistoso hacer de una mujer un objeto y por lo tanto un chiste”. Por supuesto la conversación terminó con un: “Ay, ya vas a empezar con tus cosas otra vez”.
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¿Colima es un estado machista? Sí.

¿La candidata dió esta declaración empujada por una estructura machista que pedía que ella hablara para mantener el dominio justificado de quien se sintió ofendido por mi denuncia pública? Es probable.
¿Creo que una declaración así proveniente de cualquier persona es producto del sistema machista? Sí.
¿Creo que ella es incongruente en su agenda política? Absolutamente no. Pero exige un diálogo más abierto al respecto.
¿La violencia de género (en todas o cualquiera de sus dimensiones) se da también dentro de las estructuras de gobierno? Sí.
¿El gobierno está haciendo algo para cambiarlo? Sí y no. Sí, porque hay un acompañamiento constante a las políticas de atención a las mujeres, que debería ser más transversal. No, porque no estoy convencida que sea por una convicción generalizada, si no por reacción.
Creo que hay un gran espacio de oportunidad para que el diálogo sea cada vez más abierto, y es un reto dificil que deben empujar con tan pocas mujeres en la primera línea de batalla.
Si no entendemos las dimensiones del machismo y el ejercicio de la violencia, nuestras políticas públicas para el empoderamiento de la mujer faltarán del ingrediente más importante: la empatía y la sororidad.

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