Moverse en Venecia: Un acto de fe

Moverse en Venecia requiere de habilidades muy especiales. Por ejemplo: cambiar tu concepción completa de movilidad en la ciudad.

Moverse en Venecia es un acto de fe. En lugar de tener murallas, la ciudad está diseñada como un laberinto con el objetivo de distraer a los invasores, que hoy en día son representados por los más de 10.5 millones de turistas que la visitan cada año (datos del ISTAT, el INEGI italiano).

Con menos de 70 mil personas, Venecia es una ciudad de personas mayores, de estudiantes y artistas. Viva y vibrante por el día, mística y sólo tuya por la noche. Venecia inamovible tiene la capacidad de reinventar sus escenarios en cada estación: con la niebla, el verano, el agua alta, de carnaval en invierno. Venir a Venecia es respirar historia, arte, identidad y un tiempo detenido en una ciudad con movimiento constante.

Venecia es la ciudad peatonal por excelencia. Aquí hasta las palomas prefieren caminar a volar. La movilidad peatonal o movilidad lenta (como lo nombran en la escuela de planeación urbana) tiene sus reglas y sus restricciones.

¿Qué tan difícil o fácil es moverse en la “La Serenissima”?

Venecianos contra no venecianos

Un veneciano promedio, residente en el casco histórico (la isla principal), vive en la dicotomía de odiar la invasión de los turistas y vivir de ellos para poder pagar los altos costos de la vida en la isla.

A los turistas se les permite caminar solamente algunas calles, estratégicamente señaladas para ser una pasarela de tentaciones de comida, tiendas, artesanías, ropa de marca, productos artesanales y puntos turísticos principales. No hay ningún señalamiento que diga que un turista no puede caminar por otras calles, pero los venecianos guardan celosamente los pasajes secretos que les permiten moverse más rápido y en menos distancia. Necesitas ser un verdadero residente para conocer estos atajos. Los turistas siempre sentirán temor de perderse si se aventuran a tomar un camino no señalado por los letreros amarillos.

Las calles compartidas entre residentes y turistas tienen reglas. Debes caminar por la derecha, jamás detenerte bloqueando la vía, no sentarse en los puentes, y si decides consultar tu mapa, primero resguardarte en alguna calle donde no se bloquee el tránsito peatonal.

Un veneciano siempre se molestará si un turista no respeta estas reglas, gritará algo en dialecto veneciano porque por su naturaleza debe expresar sus sentimientos, aunque sabe que debe ser cortés con el turista que no entenderá el dialecto.

Movilidad lenta pero sin bicicletas

En Venecia las bicicletas están prohibidas. No importa si estás en una gran plaza o hay espacio suficiente para pedalear. A cada 100 (o menos) metros, te encontrarás un puente que subir o un obstáculo que salvar. La bicicleta se considera un vehículo que violenta en andar de las personas. Al estar prohibidas, no hay nada más que decir.

Bueno, sólo una cosa más. Las bicicletas son aceptadas en dos lugares: Lido (La playa. Una isla larga 12 kilómetros y angosta 500 metros), y Venezia Mestre, la Venecia en la “tierra firme”. Como medio de transporte público existe un sistema de bici público, muchos biciestacionamientos masivos y en calle, redes de ciclovías, se permite el acceso de las bicis a los vaporettos, y además la ACTV ofrece un servicio de “tatuaje digital” de tu bicicleta propia para localizarla en caso de robo.

Accesibilidad vs. puentes

La ciudad no es una isla, si no un conjunto de islas, por lo que hay un puente cada 20 , 30, 50 o 100 metros. Si piensas mudarte de casa en Venecia, debes considerar que lo harás a pie.

La accesibilidad es un tema importante. Venecia no es una ciudad accesible, aún cuando se han hecho esfuerzos para poder hacerlo. Uno de ellos son los mapas y rutas especiales para moverse sin usar puentes a lugares estratégicos. Estos mapas los conocen perfectamente los que mueven la carga y entregan las mercancías por toda la ciudad. Otra acción importante es lograr adaptar rampas provisionales a algunos puentes secundarios, que sin embargo por las distancias se ven obligados a tener pendientes del 15 al 20%.

Moviéndose en el agua

¿Hay otra forma de moverse que no sea a pie? Sí, pero siempre deberás caminar, caminar, subir, bajar puentes y volver a caminar. En Venecia el transporte público va por el agua, en dos formas: transporte “masivo” con el vaporetto, o transporte no masivo con la góndola, este último creo es informal, o al menos operado por la “cooperativa” de gondoleros.

La ACTV (“A chi ti vu”, como se escucha en italiano) es la empresa pública de transporte de personas. Tiene varios tipos de servicios:

1. El Vaporettobattello, va por las rutas principales, Canal Grande y Canal de la Giudecca, puede transportar entre 150 y 200 personas. Tiene horarios de parada tan puntuales y estrictos que cuando llegas ya se fue. Estos horarios permiten una planeación a detalle de tu viaje, considerando que si lo pierdes, pudieras llegar más rápido a pie que esperar el siguiente.

2. El Mostoscafo, es como un vaporetto pero más pequeño. Este es casi de uso exclusivo para los residentes, ya que viaja por canales secundarios conectando destinos que no tienen puntos de atracción turística importantes. También ayuda a conectar algunas islas más alejadas del conjuntos de islas principales. Suele tener modelos más pequeños (hasta 15 personas) que conectan una isla con otra, como por ejemplo: San Marco y San Giorgio.

3. La góndolano turística, es una góndola que ayuda a las personas (residentes generalmente) a cruzar de un lado a otro del Canal Grande. ¿Cómo llegar a las paradas estratégicas donde encontrarás este servicio? Sólo un residente lo sabe. Este servicio te ayuda a evitar la vuelta hasta uno de los 4 puentes principales que cruzan el Canal Grande de la ciudad.

4. El Traghetto o Ferry, es un barco más grande. El que mueve las personas de Lido (la isla que divide la laguna del mar) a Venecia, puede mover hasta 1250 personas. Incluso hay algunos servicios donde es posible subir tu auto y moverlo de isla en isla (siempre y cuando las islas tendrán infraestructura para vehículos motorizados).

Un boleto del vaporetto cuesta hasta 7.5 euros (172 pesos) por viaje si eres turista. Si el viaje en vaporetto lo haces por tener la experiencia, bien. De lo contrario, sólo te moverá un promedio de 10 km por hora, debiendo de cualquier manera seguir caminando a tu destino final. Como turista, conviene siempre mejor ir a pie. Como residente, te puedes ahorrar 10 minutos que pueden marcar la diferencia entre tomar el tren o perderlo.

Si eres residente, tienes dos opciones: Un boleto que te cuesta 2 euros (46 pesos) o un “abbonamento” o boleto mensual con viajes ilimitados que te cuesta 37 euros (870 pesos).

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La mejor opción siempre será caminar.

Venecia y sus puentes

Por último, Venecia y sus más de 400 puentes que unen cerca de 120 pequeñas islas que conforman el casco histórico central.

Los puentes de Venecia cuentan las historias de la ciudad. Cada uno es especial, único, tiene una anécdota, un nombre y una razón de ser. La mayoría de los puentes son de piedra, pocos de madera, y algunos de acero que unen las islas donde se alberga el primer ghetto del mundo, donde hoy sigue viviendo la comunidad hebrea. Esos puentes son de acero porque son más modernos. Cuando el primer guettofue creado, se diseño para tener contenidos a sus habitantes sin acceso al resto de las islas, por lo que los puentes no existían.

Los cuatro puentes más grandes e importantes representan cada uno un estilo arquitectónico icónico que marca la capacidad de la ciudad de albergarse como el museo abierto más grande de la humanidad.

El puente más famoso es el Rialto. Este es de estilo renacentista italiano, como una gran parte de la arquitectura principal. Está diseñado para ser más que un puente, ya que contiene una galería de tiendas a lo largo de su recorrido. El Rialto (riva alta) es una de las fotografías más tomadas de la ciudad.

El segundo es el Puente degli Scalzi, en la entrada de Venecia. Te lleva de la estación central del tren “Santa Lucía” hacia el grupos de islas centrales. Tiene estilo del barroco tardío, aún cuando se construyó en pleno siglo XX. Su diseño tiende a ser limpio, suave intentando mimétizarse con la arquitectura más representativa de su entorno, siendo un perfecto ejemplo de integración urbana.

El tercero y mi favorito, es el Puente de la Academia. Se llama así porque en uno de sus extremos se llega a la “Accademia” de Arte de Venecia, una de las escuelas de arte más famosas de Italia. El puente es de madera, y era una instalación temporal que terminó siendo permanente. El puente no es muy fotografiado como el Rialto, pero las fotografías desde el puente son las mejores de la ciudad, con su magnífica visita hacia la punta de la Dogana(la antigua aduana), a la plaza San Marco que se asoma coqueta y la perspectiva hasta las islas más cercanas, un espectáculo de no perderse.

El cuarto puente es de la era moderna, se llama De la Constitución. Este es de acero y vidrio, diseñado para diluirse en el paisaje pasando casi inadvertido, pero al estilo Calatrava. Hoy el puente conecta la Estación Santa Lucía con Piazzale Roma, la entrada principal y vehicular a Venecia y la estación de autobuses que conecta la isla con “tierra firme”. ¿Venecia tiene acceso vehicular? Sí, porque quien tiene auto debe dejarlo afuera en un estacionamiento que pagarlo cuesta tanto como rentar otra casa.

Dato curioso del puente “Calatrava”: el alcalde de Venecia terminó demandando a Calatrava por más de 3,800 millones de euros en daños al erario público, debido a los constantes errores producto del diseño y los altos costos de su mantenimiento. Al final, un juez lo salvó, y me pregunto si los otros puentes tuvieron chismes de gestión de proyecto similares de los cuales los libros de historia ya no decidieron contarnos.

Venecia en la memoria

Como ya me salió más la vena arquitectónica que la de movilidad, es tiempo de decir que Venecia es un lugar único en el mundo. Es imposible describirla en un momento. Cada paso que das es tu aporte a la historia que se va imprimiendo en las piedras de esta ciudad, que seguirá viva e inamovible por el resto de los tiempos.

Esta vez regresé a Venecia, sin ser turista ni residente, no a ver sus íconos arquitectónicos, pero para volver a caminar esas calles y lugares que mantienen grandes momentos de mi historia en su memoria.

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