Transporte público y COVID19: Crónica de una muerte anunciada en México

El transporte público es un servicio esencial que estamos dejando morir.

Si el transporte público fuera una persona, sería parte de una familia antivacunas y por eso puede morir, no importa cuándo lo leas. El transporte público en México está enfermo y será una víctima más del COVID 19. Tendrá una tasa de letalidad más alta que los humanos. Irá muriendo rápido porque no tiene anticuerpos ni defensas. Morirán los sistemas más vulnerables, los más viejos, los sistemas que tienen precondiciones de salud económica, operacional, jurídica y financiera. Morirán los que están solos, que ha abandonado su acceso a derechos, con un débil soporte institucional que no revisa que cumpla con sus obligaciones. Además, si el transporte público fuera una persona sería una “antivacunas” con un estado que tiene la cura pero no decide tomar las riendas de la salud de nuestros sistemas de transporte.

Durante la crisis sanitaria actual del COVID 19, en el mundo entero nos hemos cuestionado qué preparados estamos como país para asegurar la operación de los servicios esenciales, mínimos indispensables para vivir y operar una ciudad. Y las primeras preguntas son: ¿Cuáles son los servicios esenciales? ¿Quiénes son las personas que trabajan en los servicios esenciales? ¿Qué estamos haciendo para que operen del modo en que esta emergencia lo necesita?

Algunas respuestas las hemos tenido durante casi un mes, cada tarde a las 7:00 pm en la Conferencia que da la Secretaría de Salud, en el cual vemos desfilar a las personas responsables de cada sector público explicando abiertamente paso a paso las políticas de atención a la emergencia. No es solo salud salud, también trabajo, educación, economía, seguridad y hasta las relaciones internacionales. No cabe duda que son las instituciones y las políticas esenciales las que saldrán fortalecidas de esta epidemia. Excepto el transporte público.

Cuáles son los servicios esenciales que no deben parar en una emergencia como la de salud

Todos los documentos y guías nacionales (Secretaría de Salud para México) e internacionales (Organización Mundial de la Salud) que definen cuáles son los servicios esenciales que deben seguir operando en una crisis sanitaria como la de COVID 19, todas mencionan al transporte público. Las actividades esenciales requieren el movimiento de personas y cosas que se trasladan de un lado a otro en el territorio y el porcentaje de personas no es menor.

Este movimiento esencial de personas está a cargo de trabajadores y trabajadoras del transporte público tienen condiciones precarias de trabajo, con el salario mínimo o por comisión, en ocasiones sin seguridad social, y por lo tanto incapaces de acceder a las ayudas que en el marco de la emergencia se dan a las personas vulnerables desde las condiciones de salud y de trabajo.

Para esta actividad esencial no hay una guía nacional. El propio INEGI no considera como unidades económicas a la totalidad de las personas físicas o morales que prestan servicios de transporte de personas. México no tiene una política nacional de transporte público, una estructura institucional dedicada del tema, una ley o normas que desde la federación unifique los criterios mínimos, básicos indispensables de un servicio de transporte. En otras palabras, no hay un Hugo López-Gatell del transporte público, pero tampoco una institución que a la cual preguntarle ¿qué estrategia se implementará para que este servicio esencial opere durante esta epidemia? ¿cuál es la estrategia de reconversión para seguir operando con el 40% de la demanda?

Reducir la movilidad urbana es como quitarle a un paciente llamado “transporte público” el respirador en condiciones críticas.

“Hemos logrado reducir la movilidad urbana” menciona orgullosamente el Dr. López-Gatell en la conferencia de las 19 horas. Y sí, es un reflejo del respeto a la sana distancia, a la respuesta comunitaria al llamado de quedarse en casa y disminuir las actividades no esenciales. Sin embargo, también es como quitarle el respirador al paciente llamado “transporte público” justo en el momento donde tiene más complicaciones de salud y decirle “Gracias, sabemos que tienes serios problemas para respirar, pero necesitamos que sigas trabajando, moviendo gente, porque eres un servicio esencial”. Su principal fuente de ingresos está cayendo hasta en un 60%.

El transporte público en México está enfermo y será una víctima más de COVID19

Identificamos 5 puntos por los cuales el modelo “hombre-camión” está en agonía durante la emergencia sanitaria por COVID19:

1. El ingreso de las personas concesionarias y conductoras depende de las personas que usan el servicio y pagan directamente al conductor. Se reducen las personas usuarias pero no el gasto por operar la ruta. Se opta entonces por reducir las rutas, horarios, frecuencias y las personas abandonan aún más los servicios públicos porque requieren eficiencia en sus viajes.

2. La baja de personas usando los servicios de transporte, la baja en la oferta de servicios lleva a reducción de ingresos para concesionarios y conductores, o bien a despidos de personas que, en un escenario normalizado no contaban con acceso a derechos laborales o de seguridad social.

3. La gran mayoría de las personas que conducen servicios públicos, no son “empleadas de nadie”, se consideran comisionados, por lo que no están considerados como beneficiarios de los programas actuales de apoyo tanto de salud como de pensión a personas en situaciones de vulnerabilidad que cuentan con un trabajo formal.

4. Por las condiciones operativas de los servicios públicos, tales como jornadas de más de 12 horas, limitados descansos, mala alimentación, falta de actividad física, una gran mayoría vive con las 3 precondiciones de salud más vulnerables a COVID 19: Diabetes, hipertensión y obesidad.

5. La operación del transporte público depende de las personas más vulneradas por sus condiciones de trabajo y salud, trabajando en espacios confinados en contacto directo con la gente, sin poder eliminar el pago en efectivo, que puede ser un agente de contagio constante.

La mayoría de los artículos que hoy hablan de las acciones prevención, mitigación y apoyo que en todo el mundo se hacen en el transporte público durante la pandemia, hablan de aumentar la participación del estado para asegurar la operación mínima indispensable así como el mantenimiento de los empleos. Esto puede suceder solamente en sistemas donde el estado tiene una participación activa en la operación, la supervisión y en el financiamiento. El modelo “hombre-camión” no tiene esta posibilidad.

¿Qué está haciendo el transporte público en México para sobrevivir la epidemia?

Las autoridades subnacionales han reaccionado con diversas alternativas: Desde sanitizar vehículos, repartir tapabocas a conductores o despensas, hasta ajustar la oferta de servicios o cerrarla. Esto es como abrir una llaga durante una hemorragia, solo expulsa a más personas usuarias del sistema. Los sistemas más formalizados y con instituciones más fortalecidas pueden implementar flexibilidad en los servicios, subsidios a las personas, canalizar subsidios indirectos a la operación. Quizá solo la CDMX, León y Guadalajara y algunos sistemas masivos pueden aplicar estas alternativas, pero no son escalables para el resto del país en medio de una emergencia como la que vivimos hoy.

Para el resto de los estados, lograr la supervivencia depende del liderazgo de la autoridad, de su capacidad de organización, construcción de acuerdos e implementación mecanismos que aseguren la transparencia y el cumplimiento de compromisos de todos los actores. Pero también la capacidad de hacer inversión pública tal como se hace para los servicios de salud.

1. Planear los servicios en razón de las personas y no en razón de las ganancias o pérdidas y generar un mecanismo financiero de compensación para esto.

2. Canalizar rutas a servicios a la medida, qué cambios puntuales necesitan atender los servicios hoy.

3. Las autoridades de transporte debe ser más que un espectador del servicio y participar en la planeación y el monitoreo en tiempo real para tener datos y tomar decisiones.

4. Las personas conductoras deberán tener certeza de acceso a los beneficios del trabajo formal y acceso a servicios de salud. Incluir de inmediato a las personas conductoras de servicios públicos en los planes de transición hacia la formalidad, con esquemas que ya se aplican para otros sectores.

5. Intervención de la autoridad en la restructuración de créditos de flota existentes, buscar desde el gobierno federal y subnacionales ayuda clara para la reestructura de los créditos de quienes apostaron por la renovación de la flota.

Se estima que las medidas de sana distancia o distanciamiento social se podrían mantener en alguna medida por el resto del año. Los sistemas de transporte deben prevenirse para un cambio radical de las preferencias de viajes de las personas. Por ejemplo: por el brote de COVID19 en China, un estudio determinó que la intención de compra de un automóvil particular aumentó un 72% y se redujo un 50% la disposición a usar el transporte público. Esto en un país que tiene una enorme participación del estado en las decisiones básicas e indispensables para la operación de los servicios.

No cabe duda que pasada la epidemia nos quedaremos con un transporte público moribundo que tendremos que reinventar. Es un sistema gravemente enfermo, está invadido de un cáncer de ausencia de autoridad y participación del estado. A nivel federal nadie se está haciendo responsable de este paciente.

Los estados harán hasta lo que sus capacidades permitan. Como diría Roberto Saviano, “dónde no hay un estado fuerte, el crimen organizado suple las carencias durante una crisis, porque la crisis la sufren quienes no están organizados”. Y de esto último, es un secreto a voces entre los gobiernos estatales para muchos servicios del transporte público. Si no se inicia una verdadera discusión sobre la necesidad de elevar verdaderamente al transporte público como un servicio esencial, será el mayor acto de desigualdad y apatía política a los servicios que a pesar de todo logran mover a una persona de un punto A a un punto B, algo que hacemos más de 50 millones de personas todos los días.

@gismendez

Texto origina publicado por Milenio

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