Construir territorios de paz puede lograrse desde tener una buena iluminación pública

Erradicar la violencia contra las mujeres puede empezar también con una buena luminaria pública. Nuevo en el blog #25N

Las mujeres sabemos que transitar de noche por una calle oscura es un gran riesgo. Cambiamos nuestros trayectos de forma constante, buscamos las zonas iluminadas o que pueden hacernos visibles si necesitamos pedir ayuda. Las mujeres que trabajan y deben salir de sus casas a tempranas horas de la mañana, vivir esta experiencia es casi obligatoria, lo mismo que regresar a nuestras casa al anochecer, que en otoño-invierno sucede a partir de las 19 horas. Por esta razón, no solo nuestros viajes son más complejos, largos y riesgosos, también nos empujan a evitar caminar, y quienes pueden pagarlo, usar transporte más costoso que, mina la ya precaria autonomía económica de las mujeres.

Cuando las condiciones del entorno se convierten en zonas que facilitan la comisión de delitos, particularmente de violencia sexual contra la mujer, hablamos de violencia situacional, tales como los espacios públicos que compartimos, como el estado de las banquetas, la iluminación pública, los predios baldíos, la vivienda abandonada, o las grandes áreas urbanas sin construcción que dividen enteras zonas habitacionales.

Atender la violencia situacional no es algo que corresponda a las Secretarías de Seguridad, a las Fiscalías o a los Institutos o Secretarías de la Mujer. Es una responsabilidad de los Ayuntamientos, y de las áreas de Infraestructura y Obra Pública de los gobiernos estatales para atender las aún vías estatales que son parte del tejido urbano.

¿Cómo influyen las condiciones físicas de la ciudad en nuestro comportamiento en la calle?

En Colima, esta condición física de las zonas urbanas incrementa tanto la percepción como la incidencia delictiva provocando que 7 de cada 10 mujeres cambien sus hábitos cotidianos: 80.3% ya no permiten que los niños y niñas salgan a la calle 50.7% dejan de salir a caminar, 42.3% dejan de usar taxi y 31.1% dejan de usar el transporte público.

De acuerdo con la ENVIPE de 2019, la percepción de la violencia hacia las mujeres en la calle expulsa a las mujeres de los espacios públicos. Tan solo en la zona conurbada Colima-Villa de Álvarez, de la totalidad de las calles, el 41% no tiene banquetas, 77% de las banquetas no tiene rampa, 34% no tiene alumbrado público y 47% no tiene arbolado.

¿Es posible que con intervenciones sencillas como la existencia de banquetas  e iluminación puedan reducir la violencia en las calles?

Tres estudios recientes en la alcaldía de Iztapalapa en la Ciudad de México, Chicago y Nueva York comprueban que incrementar la iluminación en la red peatonal puede reducir la incidencia delictiva hasta en un 40%. Para el caso mexicano, la reducción se presentó en un 60% a través de los denominados “Caminos Seguros”.

Estas acciones sin duda dan pasos importantes para reducir la violencia en las ciudades y dotar de espacios más seguros para el tránsito de mujeres y niñas. Sin embargo,  no podemos pensar que son la única solución para la violencia contra las mujeres, cuando el 80% de esta violencia sucede en los espacios privados.

Que la atención a la violencia intrafamiliar que sucede dentro de los hogares tenga complicaciones más estructurales, no quiere decir que no podamos empezar a mejorar la seguridad en el espacio público con pequeñas intervenciones de gran impacto.

¿Qué se puede hacer desde la gestión de las ciudades?

  1. Iluminar las calles: Los expertos en iluminación pública, las normas y reglamentos diseñan la iluminación para la circulación de autos, no de personas. Las luminarias son más alta que los árboles y a pesar de su baja intensidad lumínica, provoca sombras y áreas oscuras. Aumentar la iluminación en calle pensando en la seguridad de las mujeres requiere repensar la función de la iluminación pública y asegurar que el 100% de las calles tengan luz apropiada.
  2. Conectar con luz las calles, parques, jardines y plazas: La iluminación de la ciudad debe conectar las calles con los espacios abiertos en barrios, zonas centrales, especialmente las zonas a lo largo de arroyos y escurrimientos, que deben transformarse en espacios de convivencia, centrales a la generación de comunidad.
  3. Hacer marchas exploratorias considerando la experiencia de viaje de las mujeres: El espacio público debe auditarse continuamente. En primer lugar, para determinar cuáles son los espacios que de acuerdo a la experiencia de viaje de una mujer representan un riesgo. Las mujeres tienen una percepción del espacio desde el cuidado. Vemos los espacios desde los riesgos que surgen al ir solas o acompañar personas, niños, niñas, adultos mayores, personas con discapacidad, mueven bultos y tienen viajes más complejos. La inclusión de la experiencia de mujeres en el espacio público es indispensable.
  4. Auditar los espacios donde ocurren delitos: Una vez que ocurre un delito, es importante auditar y revisar las condiciones físicas del lugar. Reconocer si requiere mejoras físicas y consensuarlas con la comunidad. De esta forma se trabaja en conjunto con la gente, haciéndola parte del proceso de construcción de espacios seguros.
  5. Incrementar la comunicación entre la policía de proximidad con la comunidad: Esta estrategia de intervención física debe ir acompañada con la coordinación de los diferentes cuerpos de seguridad, tanto el local como el estatal y hasta la Guardia Nacional, de modo de analizar, también desde la perspectiva de la infraestructura urbana, la incidencia delictiva y definir mejores estrategias para contrarrestarla.
  6. Acompañar las denuncias con acceso a la justicia: El gran reto de todos los tipos de violencia, especialmente la violencia contra las mujeres es reducir la cifra negra, es decir, la cantidad de delitos que no se denuncian. Tener un sistema efectivo de acceso a la justicia, o simplemente tener la seguridad de que la autoridad hará frente con responsabilidad a las denuncias, llevará inicialmente a un aumento en el registro de los delitos, Lograr reducir la cifra negra y aumentar la efectividad en el acceso a la justicia que la gente demanda es el gran reto que debe mantenerse entre el gobierno y la ciudadanía.
Photo by Andrea Piacquadio on Pexels.com

Erradicar las causas estructurales también parte de cuestionar nuestras decisiones sobre la gestión de las ciudades, de los espacios públicos que compartimos y que nos permiten acceder a bienes y servicios. Es tan importante la atención de las áreas de servicios públicos como la de la policía comunitaria. Tan importante la inversión de iluminación como en la de patrullas, uniformes, capacitación o cámaras de vigilancia, que por cierto, sin iluminación pública, no tienen mucha efectividad.

Construir territorios de paz, quiere decir atender de forma comunitaria y en colaboración con las autoridades, estrategias conjuntas para atender las violencias que nos dañan como sociedad. 

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